*** A continuación un artículo escrito Por el maestro Marco Aurelio Denegri.
*JULES MICHELET;. Francia; 1798-1874.*
"Perversión del sentido del olfato en cuya virtud resultan agradables los olores repugnantes o fétidos."
En el siglo XVI, en España, era tal el hedor de las calles, por el amontonamiento de basura, que la gente distinguida, la gente de viso y alcurnia iba por ellas oliendo una bota o como se decía antes una borracha de ámbar, esto es, un odre con perfume delicado.
Júzguese si no sería elegante y refinado semejante uso, que el secretario de Felipe II, Antonio Pérez, no supo regalar cosa mejor a quienes le protegieron durante su destierro. En París, durante los siglos XVIII y XIX, el enmierdamiento callejero era impresionante. Hasta tal punto que el doctor Moreau llega a decir que había tanta mierda en el suelo, que éste ya no se veía. (Cf. A. Corbin, El Perfume o el Miasma, 130, n. 13.)
Y según Eberhard Rathgeb, en la capital del Imperio Alemán, en la década de 1870, el enmierdamiento callejero y la consiguiente pestilencia era lo normal.
Lo curioso, en el caso de la España quinientista, es que la hediondez callejera no disgustaba al pueblo, el cual se había acostumbrado tanto a la inmundicia, que protestó vivamente cuando se limpiaron las calles. La razón de ello es una perversión que en jerga médica se conoce con el nombre de cacosmia. Esta voz procede del griego kakós, malo, y osmé, olor. La cacosmia es la perversión del sentido del olfato en cuya virtud resultan agradables los olores repugnantes o fétidos. A un enfermo de cacosmia, a un cacósmico, le parece fragante lo pestilente y bienoliente y hasta delicioso lo excrementicio. Enrique IV de Castilla, monarca del siglo XV, padecía de cacosmia y por eso "amaba la pestilencia", como dice su biógrafo Gregorio Marañón.
Y el gran historiador Jules Michelet se deleitaba con el olor pestífero de las heces fecales. El hombre es el animal que defiende esforzadamente la basura y entre todos los animales que gustan de ella es el campeón, el que la consume y difunde con más ahínco y entusiasmo. Unamuno decía que el hombre es el "animal guardamuertos". Y es cierto. Pero yo agregaría que además es el animal embasurante y basuralizante por excelencia. Es un ser basuralicio. La basura lo atrae irresistiblemente y él se complace en ella con delectación y hasta con frenesí.
Demuéstranlo cumplidamente, no diré ciertos programas de televisión, sino abundantes programas de televisión. La basura es adictiva. Y la basura que produce y esparce diariamente la televisión es peligrosísima, ya que origina una violenta y tenaz adicción.
Los televidentes se acostumbran a la cochinada químicamente pura y a la vulgaridad más atroz. Embarrarse es para ellos una fiesta y enlodarse una diversión y enmierdarse una vocación y un destino. En la página 383 de su libro A Trancas y Barrancas, Alfredo Bryce Echenique manifiesta lo siguiente: "Confusión hay por todas partes y cada día más, y el hombre parece acercarse a la imagen definitiva de un ser profundamente imbécil que mira cada día más horas de telebasura y soporta el idiotizador impacto de la angustiosa publicidad, sin capacidad de respuesta alguna." La teleaudiencia se pervierte con gran rapidez y es víctima fácil de la cacosmia. La cacosmia llegó al Perú hace más de diez años, tal vez quince. Y llegó para quedarse. ¡Maldita sea!
(Sólo añadir que espero no ser devorado por esta modernísima variante de cacosmia que en estos tiempos se contrae como un virus implacable.)
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martes, 18 de noviembre de 2008
viernes, 15 de agosto de 2008
Envidio a Magali
¿ Saben lo que más odio de Magali Medina ? Odio su felicidad, su auténtica felicidad, acaso lo unico auténtico que pueda reflejar. Y la envidio, perversamente. Aquella arrogante seguridad con que va llenando de caca el cerebro de sus televidentes, a cómodas cuotas diarias. Aquel satisfecha persistencia en envenenarlos, en convertir en importantes las vidas privadas de las bailarinas sebadas en siliconas y futbolistas que nunca ganaron nada. Aquella risotada plena en su inmensa bocaza de arpía. No hay duda, este mundo le viene de perlas, se adapta perfectamente a él. Y yo perversamente la envidio y me pregunto ¿ Que omisión, que error, que distracción del Creador le dio esas alas poderosas a ese ruin ser humano y a la televisión de la que es fiel estandarte?
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