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martes, 9 de diciembre de 2008

La rosa en la mano

-Yo llevaba una chaqueta blanca cruzada de lana lisa de Armani, una camisa de seda a rayas de Gianni Versace, pantalones de pinzas de Valentino Couture, y zapatos perforados de Allen–Edmonds...-Ya me lo contaste mil veces...-Ella vestía una blusa de algodón de Dolce & Gabbana, zapatos de ante de Yves Saint Laurent, una falda de cuero de Adrienne Landau, con un cinturón de ante de Jill Stuart, medias de Calvin Klein, unos pendientes de cristal veneciano de Frances Patiky Stein, y sujeta en la mano una rosa...-Basta...-¡Estaba muy hermosa!-Sólo quiero sabe que ocurrió luego, estúpido...-No lo recuerdo.-Cómo puedes haberlo olvidado, so...-Tuvo que ser una noche sublime aquélla...-Oye, eres un anciano embustero. Me das pena.
Su amigo rompió en carcajadas, pero Vicente sabía que era cierto. Era tal vez el único recuerdo que le quedaba de su anterior vida, un recuerdo inmóvil y hecho de etiquetas; el alcohol barato le había disuelto todos los demás, junto con su cerebro. Siguieron caminando por el sucio callejón, explorando las bolsas de basura.

viernes, 4 de julio de 2008

Falsos recuerdos

Llegó al lugar que le habían indicado y de inmediato empezó a recordar: el viejo puente y el arroyito, las rocas redondas brillando al sol, los árboles y las casitas de adobe. Con el pulso acelerado y un indefinible cosquilleo en el estómago se sintió a sí mismo de niño, sus zapatitos brillosos trazando el camino de tierra marrón, los paseos a caballo en las primaveras. Y hasta pudo revivir algún beso adolescente.
Pero algo de dolor crecía y lo inundaba. Lamentó que sus recuerdos no fueran auténticos, un fraude siempre es un fraude. Se los había implantado hace una semana en una moderna neurocabina, la última tecnología del entretenimiento. En ese momento era probable que alguien más, o tal vez muchos más, estuvieran evocando lo mismo que él. Recuerdos sintéticos, digitalizados, estandarizados e inoculados en su cerebro. Escupió al suelo con rabia, mientras las tibias sensaciones de su corazón se disipaban lentamente.